• El Otro Verde

    Esta nota se publica hoy en “Miradas al Sur” y es un buen aporte para el debate “Verde”

    Publicado por Miradas Al Sur – Nota – Sup. Ni A Palos – Pag. 4 (15/07/2012) 

    Aún en estos años intensos, algo parece haber sobrevivido al margen del tsunami. En tiempos donde se desfibrila al Estado o se subordina la vieja autonomía técnica de la economía a la todavía más vieja herramienta ordenadora de la política, la “temática ambiental” se mantiene como uno de los más activos y complejos espacios sociales en el que persiste como bandera y condición de posibilidad la “independencia”, una fe que ubica al medio ambiente como algo que sólo puede ser ejecutado y pensado por afuera. La reciente cumbre ambiental Río+20 que culminó con los países centrales, las economías emergentes y las ONG asumiendo posiciones enfrentadas y la cada vez más urgente necesidad de tonificar el debate ecológico en el marco de un continente en desarrollo puso al medio ambiente en un ring donde también se entrenan la economía, la militancia y la geopolítica. ¿Todo ambiente es político?

    por Diego Sánchez y Sebastián Vázquez

    Fue Juan Domingo Perón, tal vez el recurso más renovable de la historia política argentina, el que dio uno de los primeros campanazos. En 1972, el General lanzó desde Madrid un hoy inesperado “Mensaje Ambiental a los Pueblos y Gobiernos del Mundo”. Perón se adjudicaba la patente de la “tercera posición” y eso, en un mundo dividido por la Cortina de Hierro, le daba chapa para hablarle a todos.

    Verde, el Viejo se adelantó a la prédica ecologicista. “Creemos que ha llegado la hora en que todos los pueblos y gobiernos del mundo cobren conciencia de la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través de la contaminación del medio ambiente y la biosfera, la dilapidación de los recursos naturales, el crecimiento sin freno de la población y la sobre-estimación de la tecnología”, aseguró antes de agregar: “La concientización debe originarse en los hombres de ciencia, pero sólo puede transformarse en la acción a través de los dirigentes políticos”.

    Sin embargo, para los dirigentes políticos, la discusión y conducción de conflictos presentados como “específicamente ambientales” se han convertido, desde hace tiempo, en una barrera difícil de traspasar.

    Desde aquel mensaje de Perón hasta hoy, la “concientización” y la “acción” pareció quedar, casi exclusivamente, en manos de organizaciones y pequeños grupos de militancia especializada, y la temática ambiental pasó a vislumbrarse -en parte por sus características particulares y en parte por la falta de voluntad de esos mismos dirigentes- como un saber escindido de la política sobre el que flota la sacralización de su lucha o, como un paralelo común, el desprecio a un reclamo “estético” y “apolítico” que mueve a su vez pasiones y derechos. ¿Dónde entra, entonces, el debate ambiental en la política?

    La causa justa

    “Tradicionalmente la cuestión ambiental se ve asociada a organizaciones desvinculadas del Estado, con un estilo activista centrado en la denuncia, el reclamo y la concientización”, ensaya Leandro Fernández, integrante del Grupo Ambiental Nacional Nacional y Popular, un colectivo formado en 2010, a instancias de organizaciones y profesionales ligados a temas ambientales y comprometidos con el proceso político kirchnerista. “El relato construido por las organizaciones ambientales se encuentra muy consolidado, trasciende las fronteras, es potente y generalmente apto para llegar a las fibras sensibles de la opinión pública.

    Sin embargo, estas organizaciones carecen de una vocación de construcción de mayorías y de concepciones vinculadas a lo nacional, por lo que se mantienen generalmente distantes de los procesos políticos y de las organizaciones populares”.

    Esa “apoliticidad”, un término que en estos tiempos intensos parece quemar como un estigma, tiene un centro: las ONG. Esa institución que tuvo su pico en los ‘90 y que con la lenta desfibrilación sobre el pecho estatal fue perdiendo espacio y representación, mantiene, sin embargo, un lugar de privilegio en el terreno ambiental, al punto de ser, las ONG ambientalistas, ejecutoras de una verdad última sobre “lo ecológico” que, en otros temas de similar importancia, parece reservado a la gestión estatal.

    “Las ONG ambientales muchas veces descuidan el abordaje sistémico de los problemas y, por lógica deformación profesional, muestran la cuestión ambiental como la casi única importante en el marco de las sociedades”, reflexiona Marisa Arienza, presidente de Green Cross Argentina, una ONG internacional fundada en 1993 por Mikhail Gorbachev y que, con un marcado perfil técnico, intenta ser una pata científica dentro de la emotividad ambiental.

    Desde ese lugar, Arienza intenta reflexionar acerca de esa dificultar de “politizar” la discusión. “El tema ambiental es atractivo de por sí a todas las personas. Todos estamos en contacto y “creemos saber” de medioambiente. Se mezclan las tradiciones culturales de diversos pueblos, visiones chamánicas, de la pachamama, etc. El Estado sólo puede manejarse con el saber científico para analizar la cuestión. Una vez que tiene el dato científico entonces toma decisiones transdisciplinarias, incluyendo las variables de población, desarrollo, culturales, etc. Esto hace que las lecturas de lo “popular” muchas veces no coincidan con la visión que el Estado o los científicos tienen de una misma cuestión ambiental”, asegura y agrega: “La cuestión ambiental es de por sí transdisciplinaria, imposible escindirla de consideraciones económicas, culturales, de desarrollo, de pobreza, de distribución de riqueza y de análisis político profundo, todo esto además de lo específicamente técnico”.

    Pensar en verde

    Durante más de 16 años, Juan Carlos Villalonga formó parte de Greenpeace, la ONG ambientalista por excelencia y la que con más fuerza subraya la bandera de la “independencia económica y política”. Sin embargo para Villalonga, hoy presidente de la junta directiva de Los Verdes-FEP, un espacio que busca constituirse como una fuerza política “verde”, la cuestión ambiental no se escinde de la dimensión política.

    “Las ONG ambientalistas han ido esbozando un “programa político” que claramente es una visión distinta del modelo de desarrollo. Esa visión no ha sido debidamente metabolizada por los partidos políticos tradicionales. No alcanza con apropiarse del discurso como hace Macri con su “Ciudad Verde” sino que es necesario poner en tela de juicio la sociedad de consumo, que es el motor de esta economía de crecimiento”. Sin desenfocar la importancia de las ONG, Villalonga ve una nueva etapa de construcción. “Es imprescindible construirse como una alternativa política, porque vamos a seguir agravando los problemas tanto ambientales como sociales, que están asociados, sino empezamos a hacer las cosas con una base más sólida y realista”, afirma.

    En ese sentido, Fernández señala las debilidades del discurso ambiental autónomo. “Las ONG tienen formas de construcción que suelen apelar a una consideración simplista. Las cuestiones ambientales comprenden conflictos de intereses fuertes y complejos. Desde el ámbito de la gestión gubernamental es aùn más complejo, precisamente debido a que es necesario articular multiplicidad de intereses y actores, y equilibrar tanto las necesidades de preservar el ambiente para las generaciones futuras como a su vez asegurar la satisfacción de necesidades básicas para las generaciones presentes”.

    Recalculando

    La complejidad transdisciplinaria de lo ambiental también se vio presente a fines de junio pasado en Brasil, durante la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable, más conocida como Río+20. Pensada como un balance de la primera Cumbre de la Tierra de 1992, Río+20 terminó convirtiéndose en un ring diplomático. La propuesta de los países centrales de implementar una “Economía Verde”, consistente, entre otros aspectos, en la imposición de certificaciones de producción (y, consecuentemente, restricciones aduaneras a su incumplimiento) o la creación de una agencia supranacional responsable de velar por la “gobernanza ambiental global” a modo de auditoría, fue rechazada por los países del G77 más China (bloque del que participa el Mercosur) al considerarla una “transferencia de la crisis internacional” y una imposición hacia las naciones en desarrollo. En el medio de esta disputa inédita, las organizaciones ambientales expresaron su descontento. Para Arienza, “el balance de Río+20 en palabras de nuestro Presidente Ejecutivo, Alexander Likhotal, es que ha sido Río-20”

    Sin embargo, para las naciones emergentes, el triunfo de su posición, que alienta el “Desarrollo Sustentable” y subraya el principio de “responsabilidades comunes pero diferenciadas” al abordar los costos ambientales, significa menos un retroceso que un reacomodamiento necesario que sitúa el debate ambiental en una nueva correlación de fuerzas. “El documento final de Río+20 es un grito de democratización de Naciones Unidas”, asegura Silvia Révora, subsecretaria de Planificación y Política Ambiental de la Nación. “Para mí lo más importante de ese documento es que rompe la hegemonía de los países desarrollados en las decisiones políticas a nivel internacional. Es la primera vez que un documento plantea que un país o un conjunto de países no puede

    establecer normas que van en contra del derecho internacional o de la carta de la ONU. Río+20, a través de la temática ambiental, abre el camino a un mundo multipolar y esta es la primera vez que los países del BRIC se paran frente a los países desarrollados y le dicen no aceptamos sus condiciones”, explica y agrega: “Hoy no podemos definir políticas ambientales si sus definiciones profundizan la asimetría entre los países”.

    Despegue

    Tanto Río+20 como problemáticas como la minería, la frontera agropecuaria o la desforestación, en el contexto de una región parada sobre los hombros del crecimiento, abren un desafío no sólo para las organizaciones ambientales sino también para las propias agrupaciones y fuerzas políticas que, todavía hoy, no pueden revertir ese aura de autonomía absoluta de “lo ecológico”, de modo de poder redimensionarlo en el marco de otras discusiones relativas al desarrollo productivo y al perfil económico e industrial que debe tener un país.

    “Creemos que el ambiente no puede disociarse de las otras dos dimensiones que componen el Desarrollo Sustentable, y que son la económica y la social”, reflexiona Fernández. “En este sentido, la protección del ambiente debe enmarcarse en un necesario proceso de desarrollo económico con equidad y justicia social, y es ahí donde nuestra visión del tema ambiental comulga claramente con los pilares históricos del peronismo. El desarrollo tiene que ser sustentable, pero ante todo tiene que ser desarrollo. Es imposible proteger el medio ambiente sin justicia social y con pobreza”.

    “Creo que la estructura política tradicional, cuando se ocupa del ambiente de manera seria como lo hace de la economía o del desarrollo social, lo que ocurre es que no hipertrofia un aspecto respecto del resto”, concluye Arienza sin dejar de remarcar las dificultades de un debate que parece ir más allá de la fuerza del spot.

    “El medio ambiente es lo que nos permite vivir, pero también hay otros factores que juegan un papel igual de importante para poner al ser humano frente a la extinción: el aumento desenfrenado poblacional (que es la base misma de la cuestión ambiental y el más grave de sus temas), el aumento de la pobreza, la postura de los países desarrollados que pretenden señalarnos que debemos poner “limites al crecimiento” so pretexto de una falsa preservación del planeta, las pretensiones de transformar grandes porciones del Tercer Mundo en “reservas” ambientales con el objeto de hacer uso de ellas cuando al Mundo Desarrollado le sean necesarias. En fin, la cuestión ambiental exige lecturas no sólo de cuestiones técnicas que son el corazón de la cuestión, sino también de cuestiones de política local, regional e internacional.

    Caso contrario, muchas veces estaremos hablando de fantasías impuestas por terceros para que nos entretengamos”. El debate queda abierto..

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  • LOS VERDES Y RÍO+20

    Los Verdes y Rio+20

    Hoy, a 20 años de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Ambiente y Desarrollo celebrada en Río de Janeiro en 1992, adherimos a la Resolución del 3er. Congreso Global de los Verdes – Dakar 2012 sobre La Cumbre de Rio+20 y además consideramos necesario realizar algunas afirmaciones.

     

    Marchamos a una nueva conferencia signada por el incumplimiento por parte de los Gobiernos del mundo, de la mayoría de los acuerdos y compromisos establecidos en la Declaración de Río (1992), el Programa 21, el Plan de Implementación de la Cumbre de Johannesburgo y las Metas de Desarrollo del Milenio.

    Un claro ejemplo del mencionado incumplimiento lo constituye la falta de resultados y el estado de estancamiento en que se encuentran las negociaciones relevantes que se vienen desarrollando dentro de los acuerdos ambientales internacionales. Continue Reading

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  • Los Verdes y Rio+20

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    Declaración sobre los principales ejes de la Cumbre de Rio + 20 adoptada por el último Congreso de Global Greens

    Gobal Greens es la red nuclea a partidos verdes y movimientos políticos de todo el mundo que trabajan para promover en las políticas públicas valores tales como sabiduría ecológica, justicia social, democracia participativa, no violencia, sostenibilidad y el respeto por la diversidad. Se puede acceder al documento en formato PDF desde aquí

    Resolución del 3er. Congreso Global de los Verdes – Dakar 2012 sobre

     

     

    La Cumbre de Rio+20

     

     

    Antecedentes

    1. La primera Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (la Cumbre de la Tierra) se realizó en Rio de Janeiro en 1992, donde los Verdes de todo el mundo se reunieron por primera vez.

    2. La Declaración de Rio, resultante de esa Cumbre, reconoció el derecho de cada nación de procurar el progreso social y económico y estableció el concepto de desarrollo sostenible compuesto por la integración de los pilares económico, social y ambiental. Éste apuntaba al estilo de vida actual de nuestra civilización y reconocía la urgente necesidad de un cambio profundo en nuestros patrones de consumo y producción.

    3. En el año 2000, la ONU estableció ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (MDGs, por su siglas en inglés) para la erradicación de la extrema pobreza, alcanzar la educación primaria universal; la promoción de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres; la reducción de las tasas de mortalidad infantil: el mejoramiento de la salud maternal; la lucha contra el VIH/SIDA, la malaria y otras enfermedades; asegurando la sostenibilidad ambiental; y el desarrollo de una alianza global para el desarrollo.

    4. Estos objetivos deben ser alcanzados para el año 2015 pero aún estamos muy lejos de lograr sus metas.

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  • Perón + 40

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    Al intentar hacer política “verde” en Argentina debe hacerse el ejercicio de detectar y rescatar aquellos hechos y expresiones que han marcado puntos de referencia en el debate ecologista local y su vinculación con las ideas políticas en general. Puesto que las ideas no nacen de la nada y los movimientos sociales tienen sus raíces en cada época y lugar, el ejercicio es sano, siempre oportuno y justo.

    Este martes 21 de febrero cumple 40 años un documento que podría haber sido determinante en la política local. No lo fue. Es un documento histórico, por su valor, por su contemporaneidad a ciertos sucesos globales y, por sobre todo, por quien lo escribe.

    Se trata del conocido “Mensaje de Juan D. Perón a los Pueblos y Gobiernos del Mundo” fechado el 21 de febrero de 1972, en Madrid.

    Aquí, por si hiciera falta aclararlo, debo decir que no es necesario tener afinidad con el pensamiento político de Perón, como es mi caso, para saber reconocer la lucidez de las ideas aún en el disenso. En el ejemplo de este texto increíblemente visionario puede rastrearse esa claridad.

    El documento es histórico porque expresa por primera vez una visión renovadora y crítica del pensamiento “moderno” del siglo XX, realizada por un dirigente político nacional de primer nivel y de enorme relevancia como fue J.D.Perón. image Continue Reading

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  • Una idea a la que le ha llegado su momento

    Los Verdes

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    Los Verdes en Argentina somos parte del conjunto formado por las diferentes expresiones políticas verdes que están creciendo en todo el mundo. Somos emergentes del diverso y poderoso movimiento ecologista. Somos una fuerza política global frente a una crisis mundial inédita.

    Las amenazas ambientales y sociales han escalado a una magnitud sin precedentes. Nos toca vivir un tiempo y un mundo muy complejos. Además de la crítica situación ambiental global, con el Cambio Climático como máxima expresión, la “globalización” ha implicado la expansión de nuevas amenazas e incertidumbres. El poder del mundo financiero, de las transnacionales y de redes criminales de todo tipo, se han potenciado en este nuevo contexto.

    Por eso, Los Verdes enfatizamos la acción política local, pero atendiendo a su vez el desafío de confrontar con un sistema económico que está devastando el planeta y que requiere de una actuación global.

    El deterioro ambiental e institucional está condenando a la pobreza a millones de personas, extinguiendo numerosas formas de vida y ocasionando la destrucción irreversible de gran parte de los ecosistemas. image

    Hoy los motores del crecimiento económico se basan en la extracción de recursos no renovables y la explotación de recursos renovables de un modo que no reconoce los límites naturales. El modo actual de producción y consumo somete a la naturaleza a la sobreexplotación, la contaminación y la degradación, afectando directamente a nuestro propio sustento material y la posibilidad de brindar condiciones de vida digna a nuestros hijos. También pone en riesgo nuestra propia supervivencia como especie en el planeta.

    Los partidos políticos tradicionales siguen promoviendo la continuidad de este modelo. La idea de que el sólo crecimiento económico solucionará la pobreza en el mundo simplemente no es realista: si todos los habitantes del planeta consumieran lo mismo que los de los países desarrollados, se necesitarían tres planetas, y sólo tenemos uno.

    Al igual que Los Verdes en todo el mundo, los valores que nos guían son: justicia social, democracia participativa, no-violencia, respeto por la diversidad, derechos humanos por encima de los intereses económicos y comerciales, sabiduría ecológica y sostenibilidad. Valores que hoy se encuentran seriamente amenazados. Continue Reading

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