Verdes: el desafío de la acción política
17 abr
| Escrito por Carlos Merenson integrante de la Junta Directiva de Los Verdes-Foro de Ecología Política. Artículo original para Ecopolítica |
|
Si los verdes acaban de convirtiéndose en meros socialdemócratas ecológicos, entonces el experimento ha concluido, se habrá convertido en un desecho. Asumamos entonces sin complejos ser un ecologista
El capitalismo productivista y las consecuencias socio ambientales inherentes a su lógica han conducido a la ecología política a cuestionar el pensamiento económico predominante y a desafiar el consenso político, social y científico que ha dominado los 300 últimos años de historia. Al prescribir una sociedad convivencial y sostenible, su respuesta alternativa al paradigma dominante ha definido y diferenciado al ecologismo del resto de las ideologías políticas que ha producido la modernidad.
|
Hace falta una nueva visión energética
17 abr
Juan Carlos Villalonga, Los Verdes
Sería una buena noticia si no fuera el punto de inicio de una avanzada destructiva sobre los recursos fósiles “no convencionales”. Porque la expropiación del 51% de las acciones de YPF, hasta ayer en propiedad de la española Repsol, no significa un cambio de dirección en la política energética argentina.
Es bueno que el Estado Nacional tengo los instrumentos adecuados en sus manos para definir algo tan esencial y crucial para el desarrollo social como la política energética. Pero también no debemos perder de vista que también fueron decisiones soberanas tomadas por este mismo gobierno el apadrinar socios (como el caso Eskenazi) para que se integraran a YPF sin prácticamente ningún compromiso de inversión.![]()
Es decir, no es la decisión soberana per se lo que le imprimirá calidad a la decisión. Todos esperamos mayor transparencia y una mejor utilización de los dividendos de una compañía como YPF. Pero el tema es la política energética. Y eso no está en discusión y la dirección que hoy día tiene es claramente insostenible.
Que YPF no haya invertido lo suficiente como se esgrime ahora, porque parece que el gobierno lo descubrió este año, responde a fallas groseras en la política energética que superan ampliamente al mal acuerdo con Repsol, Eskenazi y Cia. La política hidrocarburífera viene cuesta abajo desde hace años y no han faltado las señales de alarma desde distintos sectores. Pero parece que al gobierno sólo le interesan las decisiones políticas de alto impacto. Aquellas que son menos espectaculares, que se desarrollan a lo largo del tiempo, pero que son a veces más eficaces, no les son tan atractivas.
Lo que se viene ahora, de la mano de YPF como empresa mixta, es el impulso al desarrollo de los recursos “no convencionales” de gas y petróleo que existen, en abundancia, en el subsuelo del país. Una explotación carísima, de altísimo costo ambiental, la demanda de agua será otro conflicto equiparable a lo que ocurre en algunos sitios con la minería y se pretenderá continuar abonando una matriz energética altamente dependiente de combustibles fósiles.
Una visión energética diferente es urgente en nuestro país. Un nuevo consenso energético que decididamente abandone el paradigma nuclear y fósil y pasemos a un modelo que despliegue la increíble potencialidad de las energía renovables que Argentina posee. Enarsa podría haber sido, en todos estos años desde su creación, el brazo ejecutor de la misma, impulsando a gran escala y con un esfuerzo económico mínimo un plan de despegue masivo de la energía eólica y solar en todo el país. Desarrollando además industrias locales que están ansiosas por lanzarse decididamente en el mercado local. Se podría haber utilizado mejor los enormes recursos económicos que se destinaron a subsidiar escandalosamente el consumo energético, sin prioridades sociales, y que ha sido un despilfarro inmoral de recursos. Eso también parece que lo descubrieron este año. Todos esos recursos podrían haber servido para generar una política de uso eficiente de la energía a escala nacional sacando al país del retraso que hoy tiene en esa materia.
No es que nos han faltado recursos. Faltó una visión acorde a los años que vivimos y mirando el futuro.
Los Verdes proponen en el Congreso Nacional el cierre de las plantas nucleares
6 mar
A un año de la tragedia nuclear de Fukushima.
Los Verdes piden cerrar todas las plantas atómicas en Argentina para 2020
A un año de la tragedia nuclear de Fukushima, Japón, la agrupación eco-política Los Verdes presentó en el Congreso un proyecto de ley en el que propone que para el año 2020 se “apaguen” todas las centrales atómicas argentinas y se adopte una meta del 25% de la generación eléctrica en base a fuentes de energía renovable. La iniciativa, tomada por el Diputado Carlos Comi (Coalición Cívica ARI – Santa Fe), ya cuenta con estado parlamentario (1) y fue girada a las comisiones de Energía, Recursos Naturales y Hacienda.
Los Verdes consideran que el desastre nuclear de Fukushima – ocurrido como consecuencia del terremoto y tsunami en Japón en 2011- fue causado principalmente por fallas institucionales, políticas y una excesiva confianza en la energía atómica. “Fukushima ha demostrado el fin del paradigma de la “seguridad nuclear”. Esta fuente de generación de energía es cara, sucia y entraña una enorme amenaza para la población y el ambiente. Es por eso que, contando con este antecedente, Argentina debe apagar sus plantas nucleares cuanto antes”, señaló Juan Carlos Villalonga presidente de la Junta Directiva de Los Verdes.
A través del proyecto denominado “Metas Nacionales de Generación Eléctrica Sostenible 2020” (2), la agrupación propone que el Poder Ejecutivo Nacional defina un programa de reducción progresiva de la generación de electricidad mediante reactores nucleares hasta alcanzar su completo abandono para fines de 2020.
“El proyecto pretende impulsar un nuevo consenso energético” explicó el Diputado Nacional Carlos Comi. “Al final de esta década debemos estar con una participación del 25% de fuentes renovables en la matriz eléctrica. Hay que colocar a la Argentina en un sendero energético verde, abandonando la energía nuclear y disminuyendo la dependencia de los combustibles fósiles”.
Para desactivar el programa nuclear actualmente en vigencia, el proyecto de Los Verdes plantea derogar la Ley 26.566, (3) aprobada en el 2009 que otorga múltiples beneficios fiscales y declara de interés nacional la finalización de Atucha II y la adquisición de nuevas plantas atómicas. “Esa ley es representativa de un modelo energético anacrónico” concluyó Villalonga.
Entre las innovaciones que figuran en el proyecto, se encuentra además un artículo que establece que la Secretaría de Energía y el ENRE deberán generar los instrumentos legales y técnicos para que todos los usuarios puedan ser generadores de energía eléctrica en base a fuentes renovables y volcar esa energía a las redes. Para el área metropolitana de Buenos Aires, esa modalidad de producción eléctrica distribuida debe estar disponible para el 2015.
(1) Proyecto de Ley. Iniciado: Diputados Expediente: 5589-D-2011. Publicado en: Trámite Parlamentario nº 174 Fecha: 16/11/2011. ENERGIA ELECTRICA BASADA EN FUENTES RENOVABLES: SE DECLARA DE INTERES NACIONAL SU GENERACION Y DISTRIBUCION PARA EL AÑO 2050; DEROGACION DE LA LEY 26566. FIRMANTES: COMI, CARLOS MARCELO, COALICION CIVICA, SANTA FE. GIRO A COMISIONES EN DIPUTADOS: ENERGIA Y COMBUSTIBLES, RECURSOS NATURALES Y CONSERVACION DEL AMBIENTE HUMANO, PRESUPUESTO Y HACIENDA.
(2) Metas Nacionales de Generación Eléctrica Sostenible 2020. Proyecto de ley http://losverdes.org.ar/sitio/archivos/metasdegeneracionelectrica2020.pdf
(3) Ver Informe, “Terminemos con la adicción nuclear”. Los Verdes, abril 2011. http://losverdes.org.ar/sitio/archivos/verdesnuclear.pdf
La Izquierda marrón
4 mar
por Eduardo Gudynas
(investigador en CLAES- Centro Latino Americano de Ecología Social)
publicado en ALAI – Agencia Noticias América Latina – 2 marzo 2011
Interesante artículo de Eduardo Gudynas acerca de las contradicciones que se viven en la región con la expansión de actividades extractivas y un modelo de desarrollo productivista y destructivo que suele cobijarse bajo un discurso de justicia social. La polémica está abierta.
Está quedando en claro que para los gobiernos progresistas o de la nueva izquierda, las cuestiones ambientales se han convertido en un flanco de serias contradicciones. El decidido apoyo al extractivismo para alimentar el crecimiento económico, está agravando los impactos ambientales, desencadena serias protestas sociales, y perpetúa la subordinación de ser proveedores de materias primas para la globalización. Se rompe el diálogo con el movimiento verde, y se cae en una izquierda cada vez menos roja porque se vuelve marrón.
Una rápida mirada a los países bajo gobiernos progresistas muestra que en todos ellos hay conflictos ambientales en curso. Es impactante que esto no sea una excepción, sino que se ha convertido en una regla en toda América del Sur. Por ejemplo, en estos momentos hay protestas frente al extractivismo minero o petrolero, no solo desde Argentina a Venezuela, sino que incluso en Guyana, Suriname y Paraguay.
En Argentina se registran conflictos ciudadanos frente a la minería en por lo menos 12 provincias; en Ecuador, la protesta local ante la minería sigue
creciendo; y en Bolivia, poco tiempo atrás finalizó una marcha indígena en defensa de un parque nacional y ya se anuncia una nueva movilización. En estos mismos países, los gobiernos progresistas alientan el extractivismo, sea amparando a las empresas que lo hacen (estatales, mixtas o privadas), ofreciendo facilidades de inversión o reduciendo las exigencias ambientales. Los impactos sociales, económicos y ambientales son minimizados. Los gobiernos en unos casos enfrentan la protesta social, en otros la critican ácidamente, y en un giro más reciente la criminalizan, y han llegado a reprimirlas.
La contradicción entre un desarrollo extractivista y el bienestar social acaba de alcanzar un clímax en Perú. Allí, el gobierno de Ollanta Humala decidió apoyar al gran proyecto minero de Conga, en Cajamarca, a pesar de la generalizada resistencia local y la evidencia de sus impactos. Esto generó una crisis en el seno del gabinete, la salida de muchos militantes de
izquierda del gobierno, y una fractura en su base política de apoyo. El gobierno se alejó de la izquierda al decidir asegurar las inversiones y el extractivismo.
Posiblemente el caso más dramático está ocurriendo en Uruguay, donde en unos pocos meses, el gobierno de José Mujica está decididamente volcado a cambiar la estructura productiva del país, para volverlo en minero. Se propicia la megaminería de hierro, a pesar de la protesta ciudadana, sus impactos ambientales y sus dudosas ventajas económicas. Paralelamente, se acaba de aprobar un controvertido puente en una zona ecológica destacada, cediendo a los pedidos de inversiones inmobiliarios, y por si fuera poco, ahora amenaza con desmembrar el Ministerio del Ambiente. El gobierno Mujica no está rompiendo promesas de compromiso ambiental, ya que la coalición de izquierda es un caso atípico donde en su programa de gobierno carece de una sección en esos temas, sino que deja en claro que está dispuesto a sacrificar la Naturaleza para asegurar las inversiones extranjeras.
Estos son sólo algunos ejemplos de las actuales contradicciones de los gobiernos progresistas. Estas resultan de estrategias de desarrollo de intensa apropiación de recursos naturales, donde se apuesta a los altos precios de las materias primas en los mercados globales. Su macroeconomía está enfocada en el crecimiento económico, atracción de inversiones y promoción de exportaciones. Se busca que el Estado capte parte de esa riqueza, para mantenerse a sí mismo, y financiar programas de lucha contra la pobreza.
Bajo ese estilo de desarrollo, la izquierda gobernante no sabe muy bien qué hacer con los temas ambientales. En algunos discursos presidenciales se intercalan referencias ecológicas, aparece en capítulos de ciertos planes de desarrollo, y hasta hay invocaciones a la Pacha Mama. Pero si somos sinceros, deberá reconocerse que en general las exigencias ambientales son percibidas como trabas a ese crecimiento económico, y que por ellos se las considera un freno para la reproducción del aparato estatal y la asistencia económica a los más necesitados. El progresismo se siente más cómodo con medidas como las campañas para abandonar el plástico o recambiar los focos de luz, pero se resiste a los controles ambientales sobre inversores o exportadores.
Se llega a una gestión ambiental estatal debilitada porque no puede hincarle el diente a los temas más urticantes. Es que muchos compañeros de la vieja izquierda que ahora están en el gobierno, en el fondo siguen soñando con las clásicas ideas del desarrollismo material, y están convencidos que se deben exprimir al máximo las riquezas ecológicas del continente. Los más veteranos, y en especial los caudillos, sienten que el ambientalismo es un lujo que sólo se pueden dar los más ricos, y por eso no es aplicable en América Latina hasta tanto no se supere la pobreza. Tal vez algunos de esos líderes, como Lula o Mujica, llegaron muy tarde a ocupar el gobierno, ya que esa perspectiva es insostenible en pleno siglo XXI.
¿Estas contradicciones significan que estos gobiernos se volvieron neoliberales? Por cierto que no, y es equivocado caer en reduccionismos que llevan a calificarlos de esa manera. Siguen siendo gobiernos de izquierda, ya que buscan recuperar el papel del Estado, expresan un compromiso popular que esperan atender con políticas públicas y generar cierto tipo de justicia social. Pero el problema es que han aceptado un tipo de capitalismo de fuertes impactos ecológicos y sociales, donde sólo son posibles algunos avances parciales. Más allá de las intenciones, la insistencia en reducir la justicia social a pagar bonos asistencialistas mensuales los ha sumido todavía más en la dependencia de exportar materias primas. Es el sueño de un capitalismo benévolo.
Parecería que el progresismo gobernante sólo puede ser extractivista, y que éste es el medio privilegiado para sostener al propio Estado y enfrentar la crisis financiera internacional. Se está perdiendo la capacidad para nuevas transformaciones, y la obsesión en retener los gobiernos los hace temerosos y esquivos ante la crítica. Esta es una izquierda al fin, pero de nuevo tipo, menos roja y mucho más progresista, en el sentido de estar obsesionada con el progreso económico.
Este tipo de contradicciones explican el distanciamiento creciente con ambientalistas y otros movimientos sociales, pero también alimentan la generalización de una desilusión con la incapacidad del progresismo gobernante en poder ir más allá de ese capitalismo benévolo. Muchos recuerdan que en un pasado no muy distante, cuando varios de estos actores estaban en la oposición, reclamaban por la protección de la Naturaleza, monitoreaba el desempeño de los controles ambientales, y apostaban a superar la dependencia en exportar materias primas. Esas viejas alianzas rojo – verde, entre la izquierda y el ambientalismo, se han perdido en prácticamente todos los países.
Llegados a este punto, es oportuno recodar que, desde la mirada ambiental, se distingue entre los temas “verdes”, enfocados en áreas naturales o la protección de la biodiversidad, y la llamada agenda “marrón”, que debe lidiar con los residuos sólidos, los efluentes industriales o las emisiones de gases. La mirada verde apunta a la Naturaleza, mientras que la marrón debe enfrentar los impactos del desarrollismo convencional.
Bajo este contexto, el progresismo gobernante en América del Sur se está alejando de la izquierda roja y al obsesionarse cada vez más con el progreso, se vuelve una “izquierda marrón”. La “izquierda marrón” es la que defiende el extractivismo o celebra los monocultivos. Frente a esa deriva, la tarea inmediata no está en la renuncia, sino en proseguir las transformaciones para que la izquierda sea tanto roja como verde.
Basta de bloquear la Ley de Glaciares
28 feb
Los Verdes reclaman a la OFEMI: “Los mismos que dicen proponer un debate serio sobre minería son los que bloquean la Ley de Glaciares”.
En una nota enviada a la recientemente conformada OFEMI (Organización Federal de Estados Mineros), la organización eco-política Los Verdes reclamó por la efectiva aplicación de la Ley de Glaciares (Régimen de Presupuestos Mínimos para la Preservación de los Glaciares y del Ambiente Periglacial, Nro. 26.639).
En su nota Los Verdes reclaman a las autoridades de la OFEMI, a los firmantes y adherentes a su acta constitutiva y a la empresa Barrick Gold, que retiren las medidas judiciales que presentaron para inhibir la aplicación de la Ley y habiliten el ingreso a los emprendimientos mineros Veladero y Pascua Lama en San Juan, para la realización del inventario de glaciares y área periglacial que se establece en los artículos 3 y 15 de dicha norma.
Que se empiece a cumplir la Ley de Glaciares es una condición básica y necesaria para que exista un debate serio en torno a la actividad minera en Argentina. Ni el Gobernador de San Juan, José Luis Gioja, ni la Asociación Obrera Mineros Argentinos, ni la Cámara Argentina de Prestadores de Servicios Mineros ni la empresa Barrick lo permiten presentando judiciales para impedir su efectiva aplicación.
Los Verdes también reclaman que los Gobiernos provinciales no aprueben más proyectos mineros en áreas potencialmente protegidas por la Ley 26.639, hasta tanto no se finalice con el inventario en sus respectivas jurisdicciones. Proyectos como los de San Juan, La Rioja y Catamarca están avanzando aún sin contar con esa información.
Por otra parte, Los Verdes señalan que el acta fundacional de la OFEMI propone textualmente en sus objetivos 1) Coordinar acciones tendientes a unificar criterios y procedimientos de aplicación de las normas vigentes; y 2) Reafirmar el desarrollo de la actividad minera en un marco de sustentabilidad ambiental y sostenibilidad social, garantizando la plena ocupación y verificando el cumplimiento efectivo de los principios e instrumentos tanto de la gestión minera como de la gestión ambiental.
Es de una hipocresía extrema que quienes conforman este nuevo organismo actúen contrariamente a los propósitos que postulan.
El texto completo de la carta de Los Verdes a la OFEMI (22/2/12) puede leerse aquí: http://losverdes.org.ar/sitio/prensa/OFEMI.pdf
Perón + 40
20 feb
Al intentar hacer política “verde” en Argentina debe hacerse el ejercicio de detectar y rescatar aquellos hechos y expresiones que han marcado puntos de referencia en el debate ecologista local y su vinculación con las ideas políticas en general. Puesto que las ideas no nacen de la nada y los movimientos sociales tienen sus raíces en cada época y lugar, el ejercicio es sano, siempre oportuno y justo.
Este martes 21 de febrero cumple 40 años un documento que podría haber sido determinante en la política local. No lo fue. Es un documento histórico, por su valor, por su contemporaneidad a ciertos sucesos globales y, por sobre todo, por quien lo escribe.
Se trata del conocido “Mensaje de Juan D. Perón a los Pueblos y Gobiernos del Mundo” fechado el 21 de febrero de 1972, en Madrid.
Aquí, por si hiciera falta aclararlo, debo decir que no es necesario tener afinidad con el pensamiento político de Perón, como es mi caso, para saber reconocer la lucidez de las ideas aún en el disenso. En el ejemplo de este texto increíblemente visionario puede rastrearse esa claridad.
El documento es histórico porque expresa por primera vez una visión renovadora y crítica del pensamiento “moderno” del siglo XX, realizada por un dirigente político nacional de primer nivel y de enorme relevancia como fue J.D.Perón. ![]()
En su texto, Perón plantea una ruptura cuando señala que “necesitamos un hombre mentalmente nuevo en un mundo físicamente nuevo”. El mundo “físicamente nuevo” no sólo es producto de la intervención humana, sino que ésta hizo evidente lo que hasta ese entonces era invisible: el planeta no es infinito. Por eso comienza su carta señalando que el desarrollo de las naciones hoy enfrenta “un peligro mayor –que afecta a toda la humanidad y pone en peligro su misma supervivencia- nos obliga a plantear la cuestión en nuevos términos, que van más allá de lo estrictamente político, que superan las divisiones partidarias o ideológicas, y entran en la esfera de las relaciones de la humanidad con la naturaleza”.
No es que se trate de un documento único o revelador, no. Se trata de una visión perfectamente contemporánea con lo que en esos días emergía en el mundo: el movimiento ecologista, una mirada crítica al crecimiento económico sin límites, las evidencias científicas que ya estaban haciendo sonar alarmas en diferentes partes del mundo. El documento replica, en cierta forma, la predica de los estadistas que pocos meses después convocaron a la primera conferencia de la ONU sobre Ambiente Humano en Estocolmo (junio1972).
El mensaje es contemporáneo con la irrupción de la crítica feroz a las sociedades opulentas que protagonizaban las rebeliones estudiantiles de finales de los 60, los movimientos contraculturales que desafiaban a la lógica de la sociedad de consumo y la explotación del Tercer Mundo. Perón no habla de “mejorar” al industrialismo destructivo y la lógica del mercado, habla de “la necesidad de invertir de inmediato la dirección de esa marcha, a través de una acción mancomunada internacional”.
A mi juicio, el mensaje es una ruptura con muchas de las ideas que pregonó y protagonizó el propio Perón hasta ese momento, hablo de su “desarrollismo” y sus encantamientos con la tecnología y que ahora, en 1972, describe como el “espejismo” tecnológico. Luego de este mensaje, poco hizo (o pudo hacer) en la dirección que señala en su escrito. El documento muestra inteligencia y visión. Pero Argentina en 1972 era un caos político y estaba demasiado lejos de este mensaje.
Es sorprendente que hayan pasado 40 años y poco y nada sea lo que los seguidores de Perón hayan asimilado del contenido de este documento. Por eso digo, se trata de un documento “conocido”, nada más. Se lo saca a relucir cuando las papas queman, como pasa por estos días con el debate minero, pero nada más. ![]()
Párrafos tales como: “Las mal llamadas “sociedades de consumo” son, en realidad, sistemas sociales de despilfarro masivo, basados en el gasto porque el gasto produce lucro. Se despilfarra mediante la producción de bienes innecesarios o superfluos y, entre estos, a los que deberían ser de consumo duradero, con toda intención se les asigna corta vida porque la renovación produce utilidades”, no tienen ningún correlato con el “peronismo” realmente existente.
Si bien hay un llamamiento fundamental a los países industrializados el Mensaje es claro en señalar, en varios de sus puntos, las responsabilidades compartidas pero diferenciadas, dicho esto en un vocabulario más actualizado. Luego de advertir sobre la “voracidad” por los recursos naturales de parte de lo que llama “los monopolios internacionales que los buscan para alimentar un tipo absurdo de industrialización y desarrollo” señala que “de nada vale que evitemos el éxodo de nuestros recursos naturales si seguimos aferrados a métodos de desarrollo, preconizados por esos mismos monopolios, que significan la negación de un uso racional de aquellos recursos”.
Insisto, se trata de un mensaje destacable por su contemporaneidad con el movimiento político y social que derivó ese año en la Conferencia de Estocolmo y por su valor conceptual, hoy, por supuesto desactualizado en varios de sus puntos, pero impecable en su enfoque. Muchos conceptos pueden sonar a lugares comunes hoy en día, no lo eran en absoluto en ese entonces. Hay valentía al hablar de política demográfica, del rol de la tecnología y del fetiche del crecimiento. Hay valentía cuando adopta la poco cómoda posición de que el “Tercer Mundo” tiene que modificar su patrón de desarrollo y no replicar el camino que se critica.
Me parece que al cumplirse 40 años de este documento, con honestidad, vale recordar que en la política argentina hubo algunos fugaces intentos de introducir otro modo de entender el desarrollo económico y su relación con el ambiente.
Que durante estos últimos 40 años se lo haya ignorado o se lo haya interpretado de manera de justificar políticas que van en la dirección opuesta a lo que dice el texto, es otra historia y merece otra discusión.
Aquí el documento completo.
Juan Carlos Villalonga
Junta Directiva Los Verdes
Febrero 1972
Madrid
Mensaje de Juan D. Perón a los Pueblos y Gobiernos del Mundo
“Hace casi 30 años, cuando aún no se había iniciado el proceso de descolonización contemporáneo, anunciamos la Tercera Posición en defensa de la soberanía y autodeterminación de las pequeñas naciones, frente a los bloques en que se dividieron los vencedores de la Segunda Guerra Mundial.
Hoy, cuando aquellas pequeñas naciones han crecido en número y constituyen el gigantesco y multitudinario Tercer Mundo, un peligro mayor –que afecta a toda la humanidad y pone en peligro su misma supervivencia- nos obliga a plantear la cuestión en nuevos términos, que van más allá de lo estrictamente político, que superan las divisiones partidarias o ideológicas, y entran en la esfera de las relaciones de la humanidad con la naturaleza.
Creemos que ha llegado la hora en que todos los pueblos y gobiernos del mundo cobren conciencia de la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través de la contaminación del medio ambiente y la biosfera, la dilapidación de los recursos naturales, el crecimiento sin freno de la población y la sobreestimación de la tecnología, y de la necesidad de invertir de inmediato la dirección de esa marcha, a través de una acción mancomunada internacional.
La concientización debe originarse en los hombres de ciencia, pero sólo puede transformarse en la acción necesaria a través de los dirigentes políticos. Por eso abordo el tema como dirigente político, con la autoridad que me da el haber sido el precursor de la posición actual del Tercer Mundo y con el aval que me dan las últimas investigaciones de los científicos en la materia.
Los Hechos
El ser humano ya no puede ser concebido independientemente del medio que él mismo ha creado. Ya es una poderosa fuerza biológica, y si continúa destruyendo los recursos vitales que le brinda la Tierra, sólo puede esperar verdaderas catástrofes sociales para las próximas décadas.
La humanidad esta cambiando las condiciones de vida con tal rapidez que no llega a adaptarse a las nuevas condiciones. Su acción va más rápido que su captación de la realidad y el hombre no ha llegado a comprender, entre otras cosas, que los recursos vitales para él y sus descendientes derivan de la naturaleza y no de su poder mental . De este modo, a diario, su vida se transforma en una interminable cadena de contradicciones.
En el último siglo ha saqueado continentes enteros, y le ha bastado un par de décadas para convertir ríos y mares en basurales, y el aire de las grandes ciudades en un gas tóxico y espeso. Inventó el automóvil para facilitar su traslado, pero ahora ha erigido una civilización del automóvil, que se asienta sobre un cúmulo de problemas de circulación, urbanización, seguridad y contaminación en las ciudades, y que agrava las consecuencias de la vida sedentaria.
Despilfarro Masivo
Las mal llamadas “sociedades de consumo” son, en realidad, sistemas sociales de despilfarro masivo, basados en el gasto porque el gasto produce lucro. Se despilfarra mediante la producción de bienes innecesarios o superfluos y, entre estos, a los que deberían ser de consumo duradero, con toda intención se les asigna corta vida porque la renovación produce utilidades. Se gastan millones en inversiones para cambiar el aspecto de los artículos, pero no para reemplazar los bienes dañinos para la salud humana, y hasta se apela a nuevos procedimientos tóxicos para satisfacer la vanidad humana. Como ejemplo bastan los autos actuales que debieran haber sido reemplazados por otros con motores eléctricos, o el tóxico plomo que se agrega a las naftas simplemente para aumentar el pique de los mismos.
No menos grave resulta el hecho de que los sistemas sociales de despilfarro de los países tecnológicamente más avanzados funcionan mediante el consumo de ingentes recursos naturales aportados por el Tercer Mundo. De este modo el problema de las relaciones dentro de la humanidad es paradójicamente doble: algunas clases sociales –las de los países de baja tecnología en particular- sufren los efectos del hambre, del analfabetismo y las enfermedades, pero al mismo tiempo las clases sociales y los países que asientan su exceso de consumo en el sufrimiento de los primeros, tampoco están racionalmente alimentados, ni gozan de una auténtica cultura o de una vida espiritual o físicamente sana. Se debaten en medio de la ansiedad y del tedio y los vicios que produce el ocio mal empleado.
El Espejismo de la Tecnología
Lo peor es que, debido a la existencia de poderosos intereses creados o por la falsa creencia generalizada de que los recursos naturales vitales para el hombre son inagotables, este estado de cosas tiende a agravarse. Mientras un fantasma –el hambre- recorre el mundo devorando 55 millones de vidas humanas cada 20 meses, afectando hasta a países que ayer fueron graneros del mundo y amenazando expandirse de modo fulmíneo en las próximas décadas, en los centros de más alta tecnología se anuncia, entre otras maravillas, que pronto la ropa se cortará con rayos láser y que las amas de casa harán sus compras desde sus hogares por televisión y las pagarán mediante sistemas electrónicos. La separación dentro de la humanidad se está agudizando de modo tan visible que parece que estuviera constituida por más de una especie.
El ser humano, cegado por el espejismo de la tecnología, ha olvidado las verdades que están en la base de su existencia. Y así, mientras llega a la Luna gracias a la cibernética, la nueva metalurgia, combustibles poderosos, la electrónica y una serie de conocimientos teóricos fabulosos, mata el oxígeno que respira, el agua que bebe y el suelo que le da de comer, y eleva la temperatura permanente del medio ambiente sin medir sus consecuencias biológicas. Ya en el colmo de su insensatez, mata al mar que podía servirle de última base de sustentación.
Después de la Tierra, el Mar…
En el curso del último siglo el ser humano ha exterminado cerca de doscientas especies animales terrestres. Ahora ha pasado a liquidar las especies marinas. Aparte de los efectos de la pesca excesiva, amplias zonas de los océanos, especialmente costeras, ya han sido convertidas en cementerios de peces y crustáceos, tanto por los desperdicios arrojados como por el petróleo involuntariamente derramado. Sólo el petróleo liberado por los buques cisterna hundidos ha matado en la última década cerca de 600.000 millones de peces. Sin embargo seguimos arrojando al mar más desechos que nunca, perforamos miles de pozos petrolíferos en el mar o sus costas y ampliamos al infinito el tonelaje de los petroleros sin tomar medidas de protección de la fauna y la flora marinas.
…y el Agua Potable
La creciente toxicidad del aire de las grandes ciudades es bien conocida, aunque muy poco se ha hecho para disminuirla. En cambio, todavía ni siquiera existe un conocimiento mundialmente difundido acerca del problema planteado por el despilfarro de agua dulce, tanto para el consumo humano como para la agricultura. La liquidación de aguas profundas ya ha convertido en desiertos extensas zonas otrora fértiles del globo, y los ríos han pasado a ser gigantescos desagües cloacales más que fuentes de agua potable o vías de comunicación. Al mismo tiempo, la erosión provocada por el cultivo irracional o por la supresión de la vegetación natural se ha convertido en un problema mundial, y se pretende reemplazar con productos químicos el ciclo biológico del suelo, uno de los más complejos de la naturaleza. Para colmo, muchas fuentes naturales han sido contaminadas; las reservas de agua dulce están pésimamente repartidas por el planeta, y cuando nos quedaría como último recurso la desalinización del mar nos enteramos que una empresa de este tipo, de dimensión universal, exigiría una infraestructura que la humanidad no está en condiciones de financiar y armar en este momento.
Alimentos y Armas
Por otra parte, a pesar de la llamada revolución verde, el Tercer Mundo todavía no ha alcanzado a producir la cantidad de alimentos que consume, y para llegar a su autoabastecimiento necesita un desarrollo industrial, reformas estructurales y la vigencia de una justicia social que todavía esta lejos de alcanzar. Para colmo, el desarrollo de la producción de alimentos sustitutivos está frenada por la insuficiencia financiera y las dificultades técnicas.
Por supuesto todos estos desatinos culminan con una tan desenfrenada como irracional carrera armamentista que le cuesta a la humanidad 200.000 millones de dólares anuales.
A este maremagno de problemas creados artificialmente se suma el crecimiento explosivo de la humanidad. El número de seres humanos que puebla el planeta se ha duplicado en el último siglo y volverá a duplicarse para fines del actual o comienzos del próximo, de continuar la actual “ratio” de crecimiento. De seguir por este camino, en el año 2500 cada ser humano dispondrá de un solo metro cuadrado sobre el planeta. Esta visión global está lejana en el tiempo, pero no difiere mucho de la que ya corresponde a las grandes urbes, y no debe olvidarse que dentro de veinte años más de la mitad de la humanidad vivirá en ciudades grandes y medianas.
Política Demográfica
Es indudable, pues, que la humanidad necesita tener una política demográfica. La cuestión es que aún poniéndola en práctica, ya con el retardo con que comenzaremos, no producirá sus efectos antes de fin de la década en materia educativa, y antes del fin de siglo en materia ocupacional. Y que además una política demográfica no produce los efectos deseados si no va acompañada de una política económica y social correspondiente. De todos modos, mantener el actual ritmo de crecimiento de la población humana es tan suicida como mantener el despilfarro de los recursos naturales en los centros altamente industrializados donde rige la economía de mercado, o en aquellos países que han copiado sus modelos de desarrollo. Lo que no debe aceptarse es que la política demográfica esté basada en la acción de píldoras que ponen en peligro la salud de quienes la toman o de sus descendientes.
Que Hacer
Si se observan en su conjunto los problemas que se nos plantean y que hemos enumerado comprobaremos que provienen tanto de la codicia y la imprevisión humanas, como de las características de algunos sistemas sociales, del abuso de la tecnología, del desconocimiento de las relaciones biológicas y de la progresión natural del crecimiento de la población humana. Esta heterogeneidad de causas debe dar lugar a una heterogeneidad de respuestas, aunque en última instancia tengan como denominador común la utilización de la inteligencia humana. A la irracionalidad del suicidio colectivo debemos responder con la racionalidad del deseo de supervivencia.
Para poner freno e invertir esta marcha hacia el desastre es menester aceptar algunas premisas:
1. Son necesarias y urgentes: una revolución mental en los hombres, especialmente en los dirigentes de los países más altamente industrializados; una modificación de las estructuras sociales y productivas en todo el mundo, en particular en los países de alta tecnología donde rige la economía de mercado, y el surgimiento de una convivencia biológica dentro de la humanidad y entre la humanidad y el resto de la naturaleza;
2. esa revolución mental implica comprender que el hombre no puede reemplazar a la naturaleza en el mantenimiento de una adecuado ciclo biológico general; que la tecnología es un arma de doble filo; que el llamado progreso debe tener un límite y que incluso habrá que renunciar a algunas de las comodidades que nos ha brindado la civilización; que la naturaleza debe ser restaurada en todo lo posible, que los recursos naturales resultan agotables y por lo tanto deben ser cuidados y racionalmente utilizados por el hombre; que el crecimiento de la población debe ser planificado sin preconceptos de ninguna naturaleza, que por el momento más importante que planificar el crecimiento de la población es aumentar la producción y mejorar la distribución de alimentos y la difusión de servicios sociales como la educación y la salud pública, y que la educación y el sano esparcimiento deberán reemplazar el papel que los bienes y servicios superfluos juegan actualmente en la vida del hombre;
3. cada nación tiene derecho al uso soberano de sus recursos naturales. Pero, al mismo tiempo, cada gobierno tiene la obligación de exigir a sus ciudadanos el cuidado y utilización racional de los mismos. El derecho a la subsistencia individual impone el deber hacia la supervivencia colectiva, ya se trate de ciudadanos o pueblos;
4. la modificación de las estructuras sociales y productivas en el mundo implica que el lucro y el despilfarro no pueden seguir siendo el motor básico de sociedad alguna, y que la justicia social debe erigirse en la base de todo sistema, no sólo para beneficio directo de los hombres sino para aumentar la producción de alimentos y bienes necesarios; consecuentemente, las prioridades de producción de bienes y servicios deben ser alteradas en mayor o menor grado según el país de que se tratare. En otras palabras: necesitamos nuevos modelos de producción, consumo, organización y desarrollo tecnológico que, al mismo tiempo que den prioridad a la satisfacción de las necesidades esenciales del ser humano, racionen el consumo de recursos naturales y disminuyan al mínimo posible la contaminación ambiental;
5. necesitamos un hombre mentalmente nuevo en un mundo físicamente nuevo. No se puede construir una nueva sociedad basada en el pleno desarrollo de la personalidad humana en un mundo viciado por la contaminación del ambiente, exhausto por el hambre y la sed y enloquecido por el ruido y el hacinamiento. Debemos transformar a las ciudades cárceles del presentes en las ciudades jardines del futuro;
6. el crecimiento de la población debe ser planificado, en lo posible de inmediato, pero a través de métodos que no perjudiquen la salud humana, según las condiciones particulares de cada país (esto no rige para Argentina, por ejemplo) y en el marco de políticas económicas y sociales globalmente racionales;
7. la lucha contra la contaminación del ambiente y de la biosfera, contra el despilfarro de los recursos naturales, el ruido y el hacinamiento de las ciudades y el crecimiento explosivo de la población del planeta, debe iniciarse ya a nivel municipal, nacional e internacional. Estos problemas, en el orden internacional, deben pasar a la agenda de las negociaciones entre las grandes potencias y a la vida permanente de las Naciones Unidas con carácter de primera prioridad. Este, en su conjunto, no es un problema más de la humanidad, es el problema;
8. todos estos problemas están ligados de manera indisoluble con el de la justicia social, el de la soberanía política y la independencia económica del Tercer Mundo, y la distensión y la cooperación internacionales;
9. muchos de estos problemas deberán ser encarados por encima de las diferencias ideológicas que separan a los individuos dentro de sus sociedades o a los Estados dentro de la comunidad internacional.
Nosotros, los del Tercer Mundo
Finalmente deseo hacer algunas consideraciones para nuestros países del Tercer Mundo:
1. Debemos cuidar nuestros recursos naturales con uñas y dientes de la voracidad de los monopolios internacionales que los buscan para alimentar un tipo absurdo de industrialización y desarrollo en los centros de alta tecnología donde rige la economía de mercado. Ya no puede producirse un aumento en gran escala de la producción alimenticia del Tercer Mundo sin un desarrollo paralelo de las industrias correspondientes. Por eso cada gramo de materia prima que se dejan arrebatar hoy los países del Tercer Mundo equivale a kilos de alimentos que dejarán de producir mañana;
2. de nada vale que evitemos el éxodo de nuestros recursos naturales si seguimos aferrados a métodos de desarrollo, preconizados por esos mismos monopolios, que significan la negación de un uso racional de aquellos recursos;
3. en defensa de sus intereses, los países deben propender a las integraciones regionales y a la acción solidaria;
4. no debe olvidarse que el problema básico de la mayor parte de los países del Tercer Mundo es la ausencia de una auténtica justicia social y de participación popular en la conducción de los asuntos públicos. Sin justicia social el Tercer Mundo no estará en condiciones de enfrentar las angustiosamente difíciles décadas que se avecinan.
La humanidad debe ponerse en pie de guerra en defensa de sí misma. En esta tarea gigantesca nadie puede quedarse con los brazos cruzados. Por eso convoco a todos los pueblos y gobiernos del mundo a una acción solidaria.”
Madrid, 21 de Febrero de 1972 JUAN DOMINGO PERON
Hacia una organización socio-política de vanguardia: el partido-red del ecologismo argentino
7 feb
Por Carlos MERENSON*
Día a día se afianzan las condiciones para la apertura de un ciclo político verde en nuestro país y con ello, avanza la necesidad de construir una organización socio-política de vanguardia que ponga el contenido en el centro de la política, confiando en el poder transformador de las ideas, dando prioridad a los ideales políticos y la realización de los mismos, por encima de los personalismos; como así también, la necesidad de contar con una organización capaz de llegar a disputar el poder a las fuerzas políticas tradicionales.
Muchas veces hemos criticado la irresponsabilidad de las organizaciones políticas y sus dirigentes que permanentemente privilegian sus intereses mezquinos y particulares frente a la necesidad de impulsar los cambios necesarios. Los ideales que compartimos, que nos han reunido con el objetivo de cambiar nuestro insostenible rumbo actual, no dejan espacio para la irresponsabilidad, son ellos los que nos imponen el desafío de trabajar para instalar a la ecología política como un espacio autónomo en el paisaje político argentino.
En ese camino ha llegado el momento en el que debemos debatir sobre la forma que debe adoptar nuestra organización política. Tal como lo propone Cohn-Bendit: “Necesitamos una estructura perenne y flexible a la vez, capaz de elaborar propuestas colectivas y de lanzar el proyecto ecologista sin caer en la esterilidad de los juegos de la lucha por el poder y la locura de la competición entre egos.”
Hoy el desafío es organizarnos para desterrar de la política las esperanzas traicionadas y en esa dirección la forma que adoptará nuestro movimiento resulta un aspecto esencial.
La ecología política debe albergarse dentro de una forma política inédita, que pueda realmente llevar a cabo una radical transformación de nuestra sociedad, que se muestra cada vez más activa, diversa y creativa.
Obviamente, no serán las formas organizativas de la política tradicional, las que Cohn-Bendit califica como los “partidos-maquina” o “partidos-empresa”, las que puedan inspirarnos. Ellas son responsables del inmenso abismo abierto entre la “partidocracia” y la sociedad. Bien vale la imagen que ofrece sobre los partidos políticos concebidos como máquinas descarnadas, sin otro objeto que la obtención de poder: “Como las escuderías de la Formula I, estas bellas mecánicas políticas pueden ser muy sofisticadas y las carreras entre ellas puedes ser un bello espectáculo, pero al final éstas compiten dando vueltas siempre al mismo circuito, cada vez con menos espectadores.”
Los partidos políticos tradicionales se han anquilosado en un modelo cerrado que aplica amañadamente el principio de representatividad. Con el correr de los años se han transformado en dique de contención de aquellas ideologías que plantean cambios radicales y en consecuencia no puede resultar la forma organizativa que permita expresar políticamente a la ideología del ecologismo.
El desafío reside entonces en encontrar formas organizativas heterodoxas y en tal dirección, que mejor que apelar como fuente de inspiración a la más exitosa forma organizativa que conocemos: la naturaleza. Naturaleza, a la que respetamos y analizamos para desentrañar las razones por las que debemos cuidar de ella y como “medida”, utilizando estándares ecológicos para juzgar la sostenibilidad de nuestras acciones; pero que también podemos observar en cuanto a sus formas, procesos, sistemas y estrategias.
Más allá de aspectos teóricos y controversias que suscita tomar a la naturaleza como fuente de inspiración, ello encierra un potente valor simbólico desde el punto de vista del debate ideológico.
Observemos entonces a la naturaleza en cuanto a las relaciones mutuas y de interdependencia, que podríamos calificar como su sentido benigno.
Entre las principales estrategias evolutivas de los sistemas vivos nos encontramos con la red como patrón de organización; las redes como sistemas auto-organizados, cerrados desde el punto de vista de su organización pero abiertos a los flujos de materia y energía de su entorno; la “totalidad” de un sistema; las relaciones no lineales; la estabilidad, equilibrio o autorregulación; la complejidad y la creatividad.
Tales estrategias evolutivas de la vida nos ofrecen ideas que nos pueden conducir a pensar en las ventajas que tiene desarrollar una organización en red, donde la interdependencia de sus componentes, tanto estructurales como individuales, le otorgue valor a la totalidad. Se trata de potenciar al conjunto para generar propiedades emergentes y nuevas posibilidades que no pueden expresar sus componentes en forma aislada. Todos los componentes de la organización resultan entonces partes importantes y deben participar del desarrollo y evolución de la organización.
Un valor fundamental de la red como patrón de organización es que en ellas, las relaciones no son lineales, sino que se extienden por todas las direcciones y la información que vincula a sus componentes puede recorrer un trayecto cíclico, volviéndose un lazo de realimentación capaz de regularse a sí mismo.
La complejidad emerge entonces como factor clave en tanto le otorga a la organización la capacidad de reorganizarse en mejores y más complejas formas capaces de sortear las dificultades y continuar evolucionando. No es la rigidez organizativa sino su flexibilidad la que determina su capacidad de adaptación a las cambiantes condiciones a las que deberá enfrentarse.
Por otra parte, la naturaleza enseña que, cuanto más grande sea la diversidad más fuerte será una organización. La diversidad es la que confiere flexibilidad y ofrece múltiples relaciones con distintos abordajes frente a un mismo tema.
Los componentes tienen su identidad propia y a la vez la identidad del todo, representada por el conocimiento de la presencia de otros elementos, otras culturas, otras formas de ser, estar y vivir, entrelazados por la complejidad y permitiendo la participación.
La diversidad resulta una condición indispensable para asegurar la “resiliencia” de la organización. Emergen así como principios básicos: el rechazo a cualquier sectarismo y el respeto por la pluralidad y la singularidad de los componentes. La organización política verde debe entonces ser capaz de convocar y albergar a una amplia confluencia social y cultural.
Cuanto más comprometidos e implicados estén los miembros de la organización más oportunidades de éxito tendrá y sus posibilidades de evolucionar serán más altas. La participación debe ser facilitada por todos los medios en tanto resulta un valor fundamental para la toma de decisiones, la búsqueda de consensos rumbo a un futuro común y la retroalimentación, identificada por el seguimiento a lo largo del tiempo de los resultados y la aplicación de las correspondientes correcciones, son fundamentales para el éxito del proceso.
La diversidad solo puede ser albergada en una estructura flexible, garantía de perennidad, de allí que la organización verde debe ser capaz de producir significado, transmitir sentido político, tomar decisiones estratégicas, elaborar propuestas colectivas, polinizar ideas y lanzar el proyecto ecologista.
Derivado de la observación de la naturaleza, de los valores de independencia y autosuficiencia, emerge el criterio bioregionalista que nos conduce hacia una organización política que dé prioridad y facilite las actividades locales, promueva las relaciones con las bioregiones colindantes y con el sistema en su totalidad. Los problemas deben ser solucionados siempre a su nivel o a una escala más próxima a su origen. Ello permite abordar de forma lógica las contradicciones entre los procesos globales y locales, identificando solapamientos, conexiones y líneas de ruptura, permitiendo establecer prioridades. Así como en los ecosistemas naturales no nos cuestionamos sobre el establecimiento de distintas estrategias adaptadas a diferentes ecosistemas, en la organización política y social debe pasar lo mismo, pues cada región o local tiene sus peculiaridades que merecen ser tomadas en cuenta.
A imagen y semejanza de las interacciones biológicas, tenemos que construir una interacción política de beneficio mutuo, no por imposición, sino en el convencimiento que aún cuando podemos vivir separadamente, optamos voluntariamente por interactuar en tanto lo consideramos esencial para la vida.
Un “cooperativismo” que ajuste a las condiciones básicas de una nueva y diferente organización política capaz de producir y promover los principios de la ecología política; diseminar ideas y propuestas; producir contenidos políticos, difundirlos y establecer los métodos para designar candidatos y aprobar estrategias socio-políticas.
Una organización política verde debe impedir la generación de una burocracia que actué de arriba hacia abajo, debe impedir que se constituya un núcleo donde se toman las decisiones y se imparten directivas hacia aquellos que únicamente obedecen.
Nuestra organización debe construirse de tal manera que haga inviable la imposición de ideas por la fuerza, sin respeto por los diferentes o los discrepantes. Si pensamos que luchamos por construir una sociedad sostenible tenemos que tener en claro que “…la sostenibilidad no es una propiedad individual, sino una red completa de relaciones que implica a la comunidad como un todo.” (CAPRA, 2003, p. 274)
Bajo todos los supuestos anteriores, resulta importante analizar la propuesta organizativa que formula Cohn-Bendit y sobre la que reflexiona Florent Marcellesi.
La organización propuesta se basa en un punto de encuentro, sostenido por tres pilares: activismo, militancia e ideología.
El activismo requiere una organización que permita alcanzar una actividad sostenida con el objetivo de cambiar el rumbo hacia el modelo verde: una Red Cooperativa Política.
La militancia requiere un partido político que posibilite la participación electoral: el Partido Verde.
La ideología requiere una organización dedicada a la construcción del corpus teórico e ideológico de la ecología política como modelo autónomo: un Vivero de Ideas, un Foro de Ecología Política.
Finalmente, el punto de encuentro entre ideología, activismo y militancia, entre la red cooperativa, el partido verde y el foro puede adoptar la figura de una gran asamblea, un Ágora Verde.
La forma, estructura y estrategias de la red cooperativa política serán definidas por sus miembros en un debate abierto, pero podemos imaginar que resultará conveniente que se constituyan sobre una base regional o local para evitar todo tipo de centralismo anti-democrático.
Resulta obvio que los miembros que se integren en la red cooperativa política tienen una pertenencia previa con asociaciones, sindicatos o incluso partidos políticos, lo cual no resulta incompatible con la dinámica colectiva que se pretende construir. Aquí lo importante para nosotros no es de dónde venimos sino a dónde queremos ir juntos.
Cuando la cooperativa alcance su madurez seguramente sufrirá una metamorfosis hacia una verdadera organización política ecologista autónoma capaz de trascender las viejas culturas políticas.
La Red Cooperativa Política – la militancia verde – se puede organizar con todas aquellas personas que adhieran a los principios y valores de la ecología política. A través del principio “un miembro un voto”, un/a cooperativista puede participar en las grandes orientaciones del movimiento, como el programa o las estrategias electorales estatales, así como en las acciones de movilización (desde su definición hasta su puesta en marcha).
La cooperativa debe basarse en una estructura flexible de asambleas territoriales y grupos de trabajo temáticos y operativos.
A las personas cooperativistas también se les abriría el derecho a ser candidato/a a las elecciones, por el Partido Verde.
El Partido Verde es la estructura que se encarga del día a día. Gestiona recursos económicos y humanos, da el sustento jurídico al conjunto de la organización según la ley vigente, lo que permite la participación en los procesos electorales. Se rige a través de órganos democráticos que seguirían las líneas directrices marcadas por el conjunto de la cooperativa política. Es el lugar donde se produce el proceso de convergencia de los diferentes actores que reconocen al Partido Verde como su referente político para dar a luz a un único cuerpo político coherente. Por otro lado, un miembro del partido es automáticamente miembro de la cooperativa.
El foro debe ser capaz de animar y generar el debate intelectual, la formación y la investigación sobre ecología política, y de difundir ampliamente sus ideas actuando como agente de educación popular.
Para articular las tres patas y darles a cada una representatividad suficiente, se necesitaría un espacio de encuentro con capacidad de toma de decisiones estratégicas y legítimas. Un ágora en la que sus miembros provengan de un proceso de elección interna al partido, al foro y a la cooperativa política, miembros que se elijan de una bolsa de voluntarios seleccionados al azar.
El ecologismo surge en Argentina como una reacción contra un insostenible modelo productivista cuya defensa es tercamente ejercida por el sistema político tradicional y se constituye en alternativa al sistema.
Tenemos que ser capaces de convocar y ofrecer un espacio de confluencia abierto a todas las organizaciones y personas que quieran participar en la construcción de un espacio autónomo y alternativo, con peso propio en Argentina.
Resulta indispensable convocar a personalidades del panorama político, asociativo, sindical e intelectual. Debemos reunir a las diferentes corrientes afines a la ecología política: ambientalistas, conservacionistas, pacifistas, feministas, eco-socialistas.
Se trata de alcanzar los acuerdos mínimos necesarios para garantizar unidad de acción de la ecología política y para fundar el proyecto verde a partir del trabajo en red de las bases del movimiento ecologista, el germen del Partido-red de la ecología política argentina abierto a todas las corrientes del ecologismo y en tal dirección, urge convocar a una “Asamblea Abierta de la Ecología Política” como punto de partida hacia una organización socio-política de vanguardia: el partido-red del ecologismo argentino.
* Miembro de la Junta Directiva de Los Verdes-FEP.
Los Verdes-FEP www.losverdes.org.ar
Famatina en el camino a Río+20
30 ene
Famatina representa hoy mucho más que la lucha de una población frente a un proyecto minero. Famatina es el emergente de la conflictividad creciente que está despertando la actividad minera en todo el país, que expresa el hartazgo frente a la tibieza gubernamental y la prepotencia corporativa. Famatina es una explosión reactiva frente a la perversa actuación de un grupo de gobernadores que, entre otras cosas, han dejado sin efecto práctico a la Ley de Protección de Glaciares, sancionada hace más de un año y, al mismo tiempo han venido desactivando, una a una, las legislaciones locales que restringían la actividad minera.
Por estos días ha estado circulando un video que dice “¡Basta Ya!”. Y de eso se trata. Deberían tomar nota de ello los legisladores, los gobernadores y los funcionarios nacionales que hasta ahora miran para otro lado.
La actividad minera tal como se desarrolla hoy en el mundo es altamente destructiva. En su evolución tecnológica, producto de la creciente escasez de minerales, llega a convertirse en la actual mega maquinaria contaminante, devoradora de agua y energía. Hemos convivido con la minería metalífera desde hace más de 8.000 años. Pero se ha llegado a un límite. El continuo crecimiento de la demanda de recursos no renovables ya no es un libreto realista. Los gobiernos que se empecinan en seguir forzando esa lógica, ya sea alentando el sobreconsumo y el despilfarro, o en el otro extremo de la cadena, como lo hace Argentina, maximizando el extractivismo, están agotando los recursos y la paciencia en todos los rincones del planeta. Estos gobiernos sólo tienen por delante mayor conflictividad, mayor escasez y mayor destrucción de ecosistemas.
Esta minería contaminante y destructiva es producto de una economía insostenible e irracional, que devora cantidades siempre crecientes de recursos, para ser finalmente despilfarrados o destruidos. En el caso del oro, simplemente, el recurso es destinado a alimentar vanidades y codicias que ya no pueden tener cabida en un mundo que quiera prepararse para sobrevivir a este siglo, y en una sociedad que pretenda generar condiciones vivibles para sus hijos. El mineral de oro que se extrae anualmente en el mundo es destinado en un 60% para usos suntuarios, alrededor de un 30%para usos especulativos y sólo la porción restante es para usos industriales y medicinales, para lo que bastaría con el mineral ya disponible dada su capacidad de reciclado.
Diversos minerales tienen un rol clave que cumplir para construir una economía sostenible o una economía verde. La capacidad de poder ser reutilizados y reciclados nos permite pensar en poder aprovechar sus bondades con holgura. Pero eso significa modificar sustancialmente el circuito global de los recursos, la base material de la economía. Seguir pensando el desarrollo con los manuales e ideas del siglo pasado es un suicidio. Las señales que nos alertan un desenlace de esas características, se nos presentan de diversas formas: mediante el aumento de la temperatura global; por medio de imágenes satelitales que muestran la pérdida de bosques; o a través de una pueblada como la de Famatina. Todas esas señales nos dicen ¡basta!
La minería debe ser llevada a su mínima expresión lo antes posible. No tiene sentido alguno poner en riesgo valiosas fuentes de agua para extraer oro o uranio, no tiene sentido favorecer económicamente mediante subsidios una actividad de extracción de recursos no renovables.
Existen en la actualidad un par de proyectos de ley en el Congreso de la Nación para prohibir la megaminería. El Congreso debería tratarlos ya mismo, es lo que se está reclamando a lo largo de todo el país. Esta también podría ser una buena oportunidad para una consulta popular a nivel nacional, un recurso constitucional olvidado y que generaría un debate esclarecedor acerca de cómo se puede configurar un modelo productivo verde, pensado para la permanencia y la equidad en el acceso a los recursos naturales. Por otro lado, el Congreso nacional no debería demorar más la sanción de la Ley sobre residuos de aparatos eléctricos y electrónicos –que lleva 4 años en el Congreso- para poner a la Argentina a tono con el esfuerzo global para un mejor manejo de materiales escasos y valiosos. ![]()
En pocos meses más la ONU realizará la cumbre denominada “Rio+20”, a veinte años de la “Cumbre de la Tierra” (1992), y a 40 años desde que se inició el debate acerca de cómo se reemplaza, el todavía vigente, modelo industrialista depredador por otro que sea sostenible y que pueda beneficiar a toda la humanidad y no sólo a una minoría como lo hace el actual. La comunidad internacional es convocada a discutir el cómo se configura una economía verde, ya que el “desarrollo sostenible” como principio rector, aún no ha sido suficiente para modificar los factores económicos hegemónicos que siguen destruyendo el planeta.
Argentina asistirá a esa cumbre y es otra gran oportunidad para que se modifiquen algunas cosas en la dirección correcta. Un pilar fundamental de la economía verde es eliminar los subsidios a las actividades extractivas de recursos no renovables (combustibles fósiles y minerales). Esos subsidios son una verdadera perversidad ambiental y bloquean la aparición de sustitutos y prácticas industriales sostenibles. En este rubro, tanto el Gobierno como el Congreso nacional, tienen otra gran oportunidad para dar un gran paso en la dirección correcta y eliminar absolutamente todos los beneficios económicos de los que hoy goza el sector minero.
Famatina se ubica en el inicio de un año en el que la discusión global debe focalizarse en el desafío de diseñar los principios básicos de una economía capaz de erradicar la pobreza, sin destruir la naturaleza y mitigar los peligros en ciernes como el cambio climático. La agenda de Rio+20 también nos señala que no hay más tiempo para perder y que no se puede insistir en recetas obsoletas.
Juan Carlos Villalonga
Apoyo de Los Verdes al pueblo de Catamarca
28 ene
Así como apoyamos la lucha del pueblo de Famatina en contra de la megaminería y al pueblo de Río Negro, en contra de la derogación de la Ley Anticianuro, Los Verdes queremos estar presentes y solidarizarnos también con los habitantes de Catamarca.
Los Verdes decimos NO al cianuro y señalamos la urgente necesidad de construir alternativas políticas que compatibilicen las impostergables demandas por un desarrollo sostenible con el ejercicio de la política real. Entre ambas hoy existe una brecha, casi un abismo que sólo puede acortarse con la movilización y las luchas como las que hoy protagonizan Famatina, Bariloche, Ingeniero Jacobacci, Andalgalá, Belén y tantas otras comunidades de nuestro país.
Es imposible esperar respuestas sólidas y perdurables de políticos comprometidos con un capitalismo depredador y con la doble dinámica del consumismo/extractivismo reinante. De esa política sólo podemos esperar engaños, frustraciones y giros como los que han dado los gobernadores Luis Beder Herrera en La Rioja, Alberto Weretilneck en Río Negro y Lucía Corpacci en Catamarca.
Es necesaria una política de desarrollo social que no centre su eje en la depredación ni el lucro de corto plazo. Una política verde para la equidad. Entre tanto, debemos resistir la destrucción y actuar en defensa propia y de nuestros hijos. Por eso hoy también estamos con Catamarca.
De la misma manera, Los Verdes manifestamos nuestra preocupación y estado de alerta por la situación de los ciudadanos catamarqueños detenidos e imputados por manifestarse en contra de los emprendimientos mineros de Bajo La Alumbrera y Agua Rica, y a favor la protección de las Sierras del Aconquija.
Enero 2012, Los Verdes-FEP
www.losverdes.org.ar
Apoyo de Los Verdes al pueblo de la provincia de Río Negro
21 ene
Así como apoyamos la lucha del pueblo de Famatina en contra de la megaminería, Los Verdes queremos estar presentes y solidarizarnos también con los habitantes de Río Negro.
Los Verdes decimos NO al cianuro y señalamos la urgente necesidad de construir alternativas políticas que compatibilicen las impostergables demandas por un desarrollo sostenible con el ejercicio de la política real. Entre ambas hoy existe una brecha, casi un abismo que sólo puede acortarse con la movilización y las luchas como las que hoy protagonizan Famatina, Bariloche, Ingeniero Jacobacci y tantos otros ciudadanos del nuestro país.
Es imposible esperar respuestas sólidas y perdurables de políticos comprometidos con un capitalismo depredador y con la doble dinámica del consumismo/extractivismo reinante. De esa política sólo podemos esperar engaños, frustraciones y giros como los que han dado los gobernadores Luis Beder Herrera en La Rioja y Alberto Weretilneck en Río Negro.
Es necesaria una política de desarrollo social que no centre su eje en la depredación ni el lucro de corto plazo. Una política verde para la equidad. Entre tanto, debemos resistir la destrucción y actuar en defensa propia y de nuestros hijos. Por eso hoy también estamos con Río Negro.
Enero 2012, Los Verdes-FEP
www.losverdes.org.ar
.jpg)








Comentarios recientes